miércoles, 5 de agosto de 2009

¡Hijo Mío...!


Hace un tiempo, Jorge Schussheim me había contado un chiste eclesiástico que mostraba cómo la velocidad con la que suceden los cambios superaba a la de las normas que regulan sus formas. El chiste es éste:

Se encuentran el abad Benedicto y el prior Agustín, y mantienen el siguiente diálogo:

Benedicto: Sabes Agustín, he escuchado que el Vaticano estaría estudiando la posibilidad de abolir el celibato sacerdotal...

Agustín: Mmmmhhh..., éso ya lo he escuchado tantas veces... Creo que éso recién lo verán nuestros hijos.

...

Relacionado con ésto, ayer leía en "El Argentino" lo siguiente:

"El vocero del Papa aclaró casi todo:

El Vaticano negó de forma rotunda que esté estudiando medidas para que los hijos de los sacerdotes puedan llevar el apellido del padre y heredar sus bienes personales. Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede, consideró que las informaciones que se reprodujeron "No tienen fundamento"."

Ahora relaciono el chiste con la noticia y pregunto: ¿Alguien tiene la menor idea sobre el motivo por el que la iglesia mantiene semejante cerrazón a discutir el celibato sacerdotal? Dado mi condición de ateo, pregunté a quienes leyeron la biblia si exisitía alguna mención en ella que prohibiera el matrimonio sacerdotal. Siempre la respuesta fue negativa. No es un problema de la biblia, me comentaron, sino del Vaticano.

Hace muchos años, Liliana López Foressi nos dio la información clave que nos estaban escondiendo para que no logremos descifrar el porqué de esta aberración: ¿Sabían que actualmente, el heredero universal de los bienes de todo cura que muere es el Vaticano? Si el cura se casa (o reconoce a sus hijos), cambia el heredero. Como dice Naranjín "¿Me siguen...?"