martes, 23 de febrero de 2010

Terrorismo: la palabra más carente de sentido y manipulada


Autor: Glenn Greenwald (Salon)

Ayer (18/02/2010), Joseph Stack deliberadamente estrelló un aeroplano en un edificio de las oficinas del IRS (NdT: equivalente a nuestra AFIP) en Austin, Texas, a fin de llevar a cabo las acusaciones políticas que él perfiló en una carta suicida muy fuerte. La cosmovisión de Stack contenía elementos de cólera antigubernamental al estilo “Tea Party” (NdT: Una especie del “Que se vayan todos” pero yanqui) junto con quejas populistas sustanciales generalmente asociadas con la izquierda (rabia por los desalojos, el sufrimiento de los pobres en América, y el hurto a la clase media por una élite económica corrupta y sus criados del gobierno). Todo ésto fue acompañado por un argumento en cuanto a por qué la violencia fue justificada (en efecto necesario) para protestar por aquellas injusticias:

“Recuerdo haber leído sobre el derrumbe de la bolsa antes de la gran depresión, y cómo banqueros ricos y los hombres de negocios saltaban por las ventanas cuando descubrieron que fueron estafados y perdieron todo. No es irónico qué tan lejos hemos llegado en 60 años en este país, que ahora saben arreglar aquel pequeño problema económico; ellos sólo roban a la clase media (quien no tiene derecho a opinar en ésto, las elecciones son una broma) para cubrir sus culos y es "negocio como de costumbre".... Tristemente, aunque yo gastara mi vida entera tratando de creerlo, no sería así, pero la violencia no sólo es la respuesta, sino que es la única respuesta.”

A pesar de todo ésto, Brian Stelter del The New York Times documenta la profunda renuencia de los comentadores de noticias de cable y funcionarios del gobierno para etiquetar el incidente como un “acto de terrorismo”, aunque - como Dave Neiwert hábilmente documenta - ésto perfectamente encaje, y es en efecto una ilustración clásica de cada definición oficial del término.

La cuestión no es si las acusaciones de Stack son verdaderas o sólo lo son sus respuestas; es que el acto (de estrellar el avión contra un edificio) incuestionablemente concuerda con la definición oficial del término. Pero como Pete Williams del NBC dijo sobre la insistencia oficial de que esto no era un acto de terrorismo: hay “un par de motivos para decir ésto... Uno que él (Stack) es un ciudadano (norte)americano.” Megan Kelley, de la Fox News, preguntó a Catherine Herridge sobre estos desmentidos: “¿Lo tomo como que ellos se refieren al terrorismo en el sentido global que la mayor parte de nosotros está acostumbrado a escucharlo?”, a lo que Herridge contestó: “Ellos significan Terrorismo con “T” mayúscula”

Todo ésto subraya, una vez más, que el Terrorismo es simultáneamente la mayor palabra individual sin sentido y la más manipulada en el léxico político americano. El término ahora no tiene prácticamente nada que ver con el acto sí mismo y tiene todo que ver con la personalidad del actor, sobre todo su identidad religiosa. La palabra Terrorismo realmente ha terminado significando: “un musulmán que lucha contra o incluso expresa hostilidad hacia los Estados Unidos, Israel y sus aliados.”

Por éso toda esta confusión y duda que se levantó ayer sobre si deberían llamar Terrorista a una persona que perpetró un acto de terrorismo clásico: él no es musulmán y no actúa movido por motivos musulmanes estándares contra los Estados Unidos o Israel, y por lo tanto no encaja en “la definición”. Uno podría admitir que quizás haya algún sentido técnico en el cual el término podría aplicarse a Stack, pero como Fox News enfatizó: no es “terrorismo en el sentido mayor, el que la mayor parte de nosotros estamos acostumbrados... terrorismo con “T” mayúscula.” Todos sabemos a quién destina la palabra terrorismo con “T” mayúscula (NdT: la Fox News), y no es a la gente llamada Joseph Stack.

Contrastan las circunstancias muy dudosas en las cuales aquel término es reflexivamente aplicado a musulmanes, con la vacilación colectiva para llamar Terrorista a Stack. Si un musulmán ataca una base militar que se dispone a desplegar soldados en una zona de guerra, esta persona es un Terrorista. Si un musulmán americano sostiene que la violencia contra los Estados Unidos (en particular cuando está dirigida a objetivos militares) es justificada debido a la violencia americana dirigida al mundo musulmán, aquella persona es un Terrorista que merece el asesinato. Y si los militares estadounidenses invaden un país musulmán, los musulmanes que viven en el país invadido y ocupado y quienes resisten al ejército de americano de invasión - atacando solamente objetivos militares - también son Terroristas.

En efecto, un gran número de detenidos en Guantanamo fueron acusados de ser Terroristas por nada más que atacar a miembros de un ejército extranjero que invade su propio país. Incluso Mohamed Jawad de 14 años, que pasó muchos años en Guantanamo, acusado (casi seguro falsamente) de lanzar una granada a dos soldados americanos en Afganistán que eran parte de una fuerza de invasión en aquel país. Obviamente, complots dirigidos a civiles para matar - los ataques del 9/11 y las tentativas de hacer explotar un avión civil - son terrorismo puro, pero buena parte de los actos realizados por musulmanes que reciben aquella etiqueta no lo son.

En suma: un musulmán que ataca objetivos militares, incluso en zonas de guerra o hasta en sus propios países que han sido invadidos por un ejército extranjero, son Terroristas. Un no musulmán, que estrella un avión en un edificio gubernamental como consecuencia de una agenda política no es, o al menos no es un Verdadero Terrorista con "T” mayúscula – es decir, no es la clase de Terrorista que debería ser torturado y arrojado a una celda sin cargos y asesinado sin el debido proceso. Ni son cristianos que ponen clínicas para abortar y asesinan doctores y trabajadores de clínica. Tampoco las acciones emprendidas por nosotros o nuestros aliados favorecidos fueron diseñadas para matar grandes números de civiles, o que causara imprudentemente tales muertes como un medio de aterrorizar a la población para hacerles adoptar la conducta deseada (la campaña Glorious Shock and Awe y aporrear a Gaza). Excepto como un medio para demonizar musulmanes, la palabra (Terrorismo) es usada de un modo tan irregular y para manipular, que resulta carente de algún sentido diferenciador.

Todo esto sería un asunto semántico interesante, aunque no terriblemente importante, si no fuera por el hecho de que el término “Terrorista” desempeña un papel central en nuestros debates políticos. Es el término de justificación total para cualquier cosa que el Gobierno estadounidense haga. Invasiones, tortura, detenciones excentas de debido proceso, comisiones militares, ataques con Drones (NdT: Aviones militares no tripulados), investigación sin garantías, secreto obsesivo, y hasta el asesinatos de ciudadanos americanos, son todos justificados por la afirmación de que sólo está dirigida a “Terroristas”, que, por definición, no tienen ningún derecho. Incluso peor, uno se torna “Terrorista” no por cualquier juicio judicial u otro proceso formal, sino exclusivamente en virtud de los no probados ni comprobados dichos del Poder Ejecutivo. El presidente señala a alguien como Terrorista, y ésto es el final de todo: los seguidores faltos de sentido crítico de ambos partidos políticos inmediatamente justifican algo hecho a esta persona ya que es un Terrorista (por que realmente significan: él ha sido acusado de ser tal, aunque aquella distinción - entre acusaciones presidenciales y prueba - no sea lo que ellos reconocen).

Si realmente vamos a investir al Gobierno del poder prácticamente ilimitado de hacer lo que quiera a la gente que ellos llaman “Terroristas”, deberíamos tener al menos un entendimiento común de lo que el término significa. Pero no hay ninguno. Acaba de transformarse en un término maleable, justificador de todo para permitir que el Gobierno estadounidense tenga carta blanca y haga todo lo que quiera a musulmanes que no le gusta o a los musulmanes que no gustan del Gobierno (es decir, los Terroristas). Es realmente más un mantra hipnótico que una palabra real: su mera mención hace que la nación aliente ciegamente, independientemente de lo que se haga contra los musulmanes que sean etiquetados como tales.

ACTUALIZACIÓN: quiero añadir un punto: la reacción inmediata de los medios y los funcionarios fue evitar, incluso negar, el término “terrorista” porque el autor de la violencia no era musulmán. Pero si el manifiesto de Stack comienza a llamar seriamente la atención, pienso que es probable que el término Terrorista sea aplicado a él decisivamente con el fin de desacreditar lo que él escribió. Su mensaje es una acusación bruscamente anticonformista y populista del tipo que supera divisiones ideológicas y partidistas - las quejas que Stack apasionadamente expresa son encontradas como hilos comunes en el movimiento “Tea Party” y entre ciudadanos tanto en la izquierda como en a la derecha - y así tienden a ser el tipo que el stablishment (que se beneficia de los altos niveles de distracciones partidistas y divisiones) encuentra más amenazador y necesario de demonizar. Nada es más eficaz en demonizar algo que asignarle la etiqueta de Terrorista.

La traducción, negritas y destacados son míos.

domingo, 21 de febrero de 2010

Zeitgeist Addendum



Si no sabe en qué usar las próximas dos horas, le recomiendo que lo haga viendo Zeitgeist Addendum. Nada volverá a ser igual para usted luego de verla. De un modo extremadamente didáctico, le ayudará a comprender porqué las cosas son como son, por un lado, y porqué el sistema se resiste a ser cambiado de un modo radical, aún cuando varias de las condiciones para hacerlo ya están dadas en la actualidad.

Mi recomendación se refiere particularmente a las dos primeras partes: La parte I, donde aborda el tema de la generación del dinero, que se sostiene únicamente a través de la fé y el endeudamiento, en una gigantesca bicicleta planetaria con eje en la FED y sus poleas de transmisión: el Banco Mundial y el FMI.

En la parte II presenta una entrevista a John Perkins, el autor de "Confessions of an Economic Hit Man", cuya entrevista con Amy Goodman transcribí en mi blog en inglés hace un año. Para hacerla corta a quienes escuchan su nombre por primera vez, John Perkins es una especie de Pontaquarto del capitalismo, pero del capitalismo grosso, no del chiquitaje. Tal vez la comparación con Hernán Arbizu sería más apropiada por la temática. Un arrepentido, bah.


Dado que John Perkins (y/o sus homólogos) fueron los encargados directos de ejecutar las acciones que luego el mundo conoció como los golpes de estado de Mossadegh en Irán y su "canje" por el Sha, el de Jacobo Arbenz en Guatemala, el de Jaime Roldós en Ecuador, el de Torrijos en Panamá, el de Chávez en Venezuela, el de Saddam Hussein en Irak y tantos más, su testimonio es invalorable. Sabe de qué habla porque él mismo lo hizo, fue uno de los ejecutores materiales de estos hechos que cito.

Es invalorable el testimonio que aporta en materia de describir las tres etapas en las que el sistema financiero  basa su accionar:

1. Hacer endeudar a un país de modo tal que la deuda le resulte impagable (deuda externa), de modo tal que no tenga otra salida que entregar todos sus recursos naturales a las corporaciones (conocidos aquí como privatización y "ajuste").

2. Si algún país se resiste a entregar sus riquezas naturales, entra a jugar la segunda parte del plan: Los killers de la CIA o sus "contratistas" (Blackwaters, Halliburton, etc.). Así murieron Roldós y Torrijos con pocos meses de diferencia: "Se les cayó el avión en que viajaban". Lo mismo que había dicho al aire Pinochet para con el Chicho aquel 11/S pero del '73, sólo que éste les ahorró el trabajo disparándose con la metralleta de Fidel. O como estuvo a minutos de suceder con Chávez luego del golpe que le asestaron RCTV y Globovisión en el 2002. O, como casi sucede hace pocos meses con Zelaya en Honduras. Muerto el perro, se acabó la rabia.

3. Sin embargo, pese a esta escalada, algunos sortean este obstáculo y comienza entonces la tercera fase: La invasión directa. Saddam Hussein en Iraq, Slobodan Milosevic en Serbia y Manuel Noriega en Panamá saben de qué hablo. Sabe de qué habla Chávez, cuando se ve rodeado por el "Plan Colombia" y las bases que acaban de instalar a su alrededor, sumadas a la reactivación de la IV Flota. De éso se trata: Ni más ni menos que de la Tercera Fase de este plan. No entregaste tu petróleo, te resistís a seguir los dictados de Washington, tu guardia personal es lo suficientemente buena como para impedirnos volarte por los aires... Te invadimos el país.

En síntesis, un testimonio del que no se puede prescindir, viniendo de uno de sus ejecutores directos. Y del que cabe no hacer oidos sordos, porque en Argentina evidentemente en cualquier momento comienza la fase II. Los medios de la patronal ya están haciendo lo suyo para que después resulte "natural" el "Maten a la yegua". Son el equivalente a la RCTV y Globovisión de Chávez, que alguna vez mostramos cómo operan en esta etapa.

El tercer y cuarto capítulo de Zeitgeist Addendum es el que hace más ruido desde mi punto de vista. Plantea la solución de la mano del aprovechamiento integral de las energías renovables y de la tecnología, prescindiendo de la política. Es decir, plantea el "cómo" (energías renovables + tecnología) prescindiendo del "para qué" (política).

Sin dudas que las energías renovables y la tecnología son dos pilares fundamentales de cualquier alternativa futura para "salirse" del actual sistema, cuya descripción es magistralmente expuesta en los dos primeros capítulos. Olvida citar, sin embargo, que esas dos partes de la solución no alcanzan para obtener "la solución" integral del problema.

En efecto, y teniendo aparatejos que fabriquen prácticamente todo, y con energía limpia e inacabable en abundancia, el trabajo prácticamente resultaría una actividad obsoleta. O, mejor aún, al no requerirse de dinero en este mundo ideal, al no estar compelido por las deudas, cada cual haría gratuitamente el trabajo que le encanta hacer sin que nadie le pague nada. De hecho, yo escribo (cuando tengo ganas) en este blog gratuitamente. Mi hijo hace unos dibujos de puta madres sólo por el placer de hacerlos. Mi esposa cuida animales y los recoge de la calle sin pretender paga alguna. Cada cual hace, por el solo placer de hacerlo, diferentes cosas que a los demás les puede servir.

La pregunta que a mi entender no responde este esquema es ¿Quién haría los trabajos que nadie quiere hacer? ¿Cuál sería su estímulo inmaterial, ya que no cabe la satisfacción personal de hacerlos? Me refiero, por supuesto, a actividades imprescindibles que difícilmente otorguen satisfacción personal: Recolector de basura, funebrero, destapador de cloacas, y sigue la lista. Evidentemente, es probable que un 90% del trabajo pueda suplantarse por máquinas. ¿Quién haría el 10% restante?

That is the question.

En síntesis, una excelente y muy didáctica descripción del problema. Pero según lo veo yo, o bien falla en la respuesta al problema, o bien ésta es incompleta. ¿Alguna idea?

sábado, 20 de febrero de 2010

Pajarito Taladrante

lunes, 15 de febrero de 2010

Lo Consiguieron...!

A ponerse la escarapela, mis queridos chichipíos.

viernes, 5 de febrero de 2010

Más de la Russo...

Como las cáscaras de una cebolla, una por una se fueron cayendo las máscaras desde que la Resolución 125 hizo chillar tractores y cacerolas. Esa lucha sí que fue una sola desde entonces, sostenida por otros intereses, mezclados, emparentados, amasijados, que se expresan en los medios monopólicos. ¿Será Cristina una presidenta que sale al cruce públicamente de un intento destituyente, será vista así? Todo indica que no. Que la derecha saldrá a decirle que exagera o es muy susceptible, y que buena parte de nuestra centroizquierda saldrá como hasta ahora, sin movimiento de mentón, a coincidir.

Ya uno no puede hacerse el que ve otra película. Estamos viendo la misma. Los que ven TN para “informarse” y los que ven TN para presenciar el gran espectáculo de la desinformación sistemática de un pueblo. El proceso se acelera y ya no se puede mirar para otro lado o instalar debates superpuestos que no rozan el debate urgente. Cierra el relato de la derecha: esto es un caos, los montoneros hacen trotscoleninismo, las señoras como Mirtha Legrand tienen miedo de hablar mal del Gobierno delante de mozos y mucamas, la institucionalidad corre tanto peligro que hay que romperla pronto, meterle un tajo como hicieron ya varias veces en democracia, abortar mandatos, sacárselos de encima. Lo que no cierra es el relato de un sector del centroizquierda según el cual el kirchnerismo simula ser progresista, cuando en realidad hay derecha afuera y adentro del kirchnerismo.

Ni “centroizquierda” designa a algo consustanciado y homogéneo, ni “progresismo” tampoco. Menos todavía, “derecha”. Que la hay dentro y fuera del kirchnerismo es cierto, pero no calibrar, no discernir, no dimensionar los biotipos de derecha y con esa retórica alejada de la verdad dar por respondidas todas las preguntas es por lo menos, a esta altura, estrábico. Yendo en camino de ser imperdonable. Los que probablemente no perdonen un retroceso como el que asoma sean los representados por esas corrientes políticas antikirchneristas que en carne propia volverán a experimentar los rigores monstruosos de la derecha con los más débiles. Tenemos a mano a Buenos Aires para saber qué hace la derecha cuando gobierna. Tenemos también el recuerdo del último gobierno radical.

Es hora de hablar y de pensar un poco más sensatamente. Si fuera posible, de deponer algunos egos en virtud del tamaño de lo que habría que defender. Salvo que se siga adherido a la idea de que cuanto peor, mejor, y en ese caso se esté dispuesto a que se pierdan nuevas generaciones de argentinos en las fauces del neoliberalismo que no cede en su pretensión hegemónica. Salvo que ninguno de los avances que, incluso traspasando las enormes contradicciones del poder, se han materializado en los últimos dos años, resulte de importancia. Salvo que la lucha sea más atractiva que la victoria.

¿Quién banca a la democracia? ¿A qué le llamamos democracia? ¿Qué forma y qué protagonistas tiene la democracia que en todo caso todos defendemos? ¿Nos fijaremos en los ejes comunes o elegiremos diferenciarnos para brillar en las ruinas? ¿Qué cálculos estratégicos hacemos? ¿Qué acumulación de fuerzas privilegiamos? ¿Hasta dónde dejamos avanzar este dislate? ¿Quiénes somos “nosotros”? ¿Qué conjuntos creamos para pechar la embestida? ¿Qué cosas nos importan realmente? ¿Qué motores políticos nos encienden? Y sobre todo, ¿contra quién, contra qué peleamos? De las respuestas a estas preguntas puede salir una resistencia con mayoría de edad, de gente grande, de pueblo grande. Si se miran las otras experiencias latinoamericanas exitosas, ninguna ha salido a flote sin un mínimo consenso interno de las fuerzas populares. El peronismo lo complica todo, ya lo sabemos. Pero estamos a años luz de que en este país se pueda producir un avance popular que lo excluya. Ya lo intentó la derecha, con la proscripción. El centroizquierda tiene que elaborarlo.

Aquel ánimo destituyente que denunció Carta Abierta hace ya mucho, y que fue desmentido puerilmente por periodistas que aunque cacareen progresismo tienen sus intereses personales atados a los grandes medios, nos sopla el oído.

Acá el problema son las mayorías, el problema es la ampliación de ciudadanía, el problema es que estamos en una región que de diversos modos mira este Bicentenario con ojos de un desafío que las clases dominantes no soportan. El problema es que las masas clientelares de siempre en todas partes encuentran grietas y ya no se trata de los desocupados de los ’90, sino de conciencias que piden su parte. Este Gobierno no satisface a muchos de esos sectores. Pero duele imaginar el destino de esos sectores, de los representados por esas dirigencias, si gana la restauración.

Tenemos un centroizquierda que no enfoca la trama que tiene delante de sus narices. Con la escena preparada para una destitución que, como en Honduras, busca su pata judicial, con un vicepresidente que opera como líder de una oposición inenarrablemente reaccionaria, con el vendaval de fondo de viejos servicios que vuelven a amenazar de muerte a militantes y periodistas no alineados en el discurso único mediático, por bandas de la noche que se sienten amparadas moralmente por las estrellas de la televisión, con la derecha pinochetista llegando a un Chile extraño y doloroso que despide a Michelle Bachelet con una extraordinaria imagen positiva, pero vota el regreso de la sombra, es por lo menos zozobrante ver a algunos dirigentes de centroizquierda hablar en TN como si TN fuera un vulgar canal de noticias.

Es tiempo de ajustar las lecturas, porque qué pasaría si la cosa fuera al revés, y si el llamado centroizquierda fuera el que simulara un progresismo que, por ejemplo, fue bien disimulado cuando le abrieron el camino a Elisa Carrió para presidir la comisión de Juicio Político. Una posición orgásmica para la infeliz pitonisa que, no obstante, será probablemente uno de los obstáculos entre Cobos y el poder adelantado.

Acá no pasa nada de lo que dicen que pasa y nada que justifique que las cosas se cuenten como se cuentan. Acá hay canales, radios y diarios que operan sin parar en la abyección más visible, y una democracia que corre peligro si algunos sectores clave se siguen haciendo los más puros y los más esclarecidos que ninguno. Es una cuestión de prioridades, que es una buena palabra en política. Una palabra que puede salvar los pasos adelante y dejar lo pendiente para el juego democrático, y cuya abstracción puede depararnos desastres que hoy no podemos evaluar.

Ya está claro que hay más que ánimo destituyente. Saltó por el lugar más obvio, el Banco Central. No hay nada de espontáneo en Redrado declarando “Yo soy un técnico, yo soy un técnico”, como si las aberraciones políticas de los técnicos no hubieran provocado tan luego ahora mismo la crisis económica mundial.

Ya está claro que se opera para limar, desgastar, perjudicar, desanimar, obstruir, aplastar un proceso político que se basa en la mayoría aplastante de las elecciones presidenciales de 2007. No respetar esa regla de juego, que es la principal, la línea rectora de la democracia, es asomarse al mundo sin reglas de los golpistas, de los genuflexos que sólo prosperan en escenarios circunstanciales, de los cómplices que esta vez no podrán decir que no sabían qué pasaba.

Sandra Russo, P/12

miércoles, 3 de febrero de 2010

Respuesta de Norberto Galasso a InfoSur

El 19 de enero último, desde INFOSUR, página web de Proyecto Sur, me han lanzado un agravio que me veo obligado a responder.

Desde INFOSUR me califican de “gran historiador”, autor de “un libro fabuloso”, “una obra clásica sobre la Deuda Externa”, al igual que la “maravillosa biografía San Martín” y me tratan reiteradamente de “querido compañero”, para, después, lanzarme esta baja puñalada: “¿Qué hacemos ahora con esas cuatrocientos páginas (del libro sobre la Deuda Externa)...?”, como diciendo: “nos las vamos a meter en cierta parte” pues el autor sería un traidor, se habría quebrado, estaría al servicio del gran capital financiero internacional. Todo esto con motivo de que he sostenido que “ahora es difícil desentrañar la ilicitud de parte de la deuda” y que varios gobiernos le han dado “una especie de legalización” al renegociar sobre ella aunque igualmente “hay que investigar los ilícitos”, pero que lo más importante “es unir a América Latina en el no pago y patear el tablero” porque la cuestión no es tanto tener razón “sino tener fuerza”.

Curiosamente, la nota de Infosur prueba mi coherencia. Se inicia con una frase de mi libro: “La deuda ha operado como un instrumento de saqueo y sumisión semicolonial” (2002).Y concluye con otra declaración mía, actual: “Ahora hay que favorecer la unidad latinoamericana y proponer que todos los países denuncien que fueron estafados y que no se paga”. Mayor coherencia, imposible. En “Cash”, del 24/1/2010, sostuve lo mismo: “Hay que investigar y reforzar nuestro poder para decidir en conjunto. A las finanzas internacionales no les importa cuándo (ni cómo) se contrajo la deuda. Hay que finalizar este proceso de otra manera, a partir de la unidad latinoamericana, donde todos los países puedan expresar una opinión común frente a los acreedores internacionales”.

Es decir, hay que investigar y hay que poseer suficiente fuerza para no pagar. Hoy no contamos ni con una cosa, ni con la otra, pero el objetivo final es el no pago. Disentimos, eso sí, en la táctica, como también disentimos en la táctica general que desarrolla Proyecto Sur en política.

¿En que disentimos? En primer término, en que no se trata de quien grita más fuerte ni quién se escandaliza moralmente contra los piratas internacionales, sino en tener la fuerza suficiente: un pueblo movilizado y consciente del problema, capaz -como lo han sido los cubanos- de aguantarse todas las represalias, inclusive un bloqueo. Por eso, es imprescindible una acción concertada de América Latina -que va camino a su unificación- para patear el tablero. En la discusión con los filibusteros, estábamos mucho mejor parados en 1983, como ha dicho la Presidenta, porque salíamos de una dictadura y habíamos allanado el estudio Klein Mairal y Olmos había presentado su acusación... pero también es cierto que no teníamos fuerza y Alfonsín tampoco tuvo audacia y concluyó claudicando en ésta, como en otras cuestiones. Después hubo canje de títulos que complican nuestra argumentación respecto al comprador de buena fe y sucesivos gobiernos pagaron y renegociaron y se negaron a analizar lo rescatado en el estudio Klein, así como la acusación de Olmos que el juez Ballesteros remitió al Congreso.

En 1999, recuerdo que fuimos al Congreso con Olmos, Norberto Acerbi, Luis Donikian, Carlos Juliá y unos pocos más -no estaban muchos que ahora levantan su voz y celebro que ahora lo hagan-, pero, entre los diputados, solo Alfredo Bravo y Luis Zamora –más allá de mi disidencia política con ellos- se preocuparon por escuchar el alegato de Olmos. Y no pasó nada.

Después vinieron otras negociaciones, entre ellas, la quita de la época kirchnerista. Nos guste o no, implícitamente también la quita significó lo que llamé “una especie de legalización” y que tanto ha irritado a Infosur. Pero de ninguna manera digo que no hay que investigar. Tampoco propongo no pagar mientras no tengamos fuerza para desconocerla. En fin, insisto, se trata de diferentes tácticas, porque las tácticas cambian según el momento histórico y no hay por qué injuriar ni descalificar cuando coincidimos en lo central: que fue una estafa y que, cuando podamos, debemos declarar que la deuda es cero. Ahora bien, como el “querido compañero” se preocupa y no sabe en qué lugar colocarse mis 400 páginas del libro De la Banca Baring al FMI, voy a tranquilizarlo con respecto a mi supuesta traición.

Entonces, empiezo para disipar dudas: con 50 libros publicados (discúlpeme pero hay tanto soberbio suelto que por una vez puedo violar mi modestia) nunca he sido invitado al programa de Mariano Grondona, ni he almorzado con Mirtha Legrand, ni me he abrazado con gorilas como Carrió, ni he coincidido con Pinedo (ni el abuelo, ni el nieto), ni he sido cómplice de la Sociedad Rural en ninguna votación. Tampoco me reportean ni “La Nación” ni “Clarín”, así que puede estar tranquilo. Esa gente sí tiene conciencia de clase, no la que supone Pitrola que deberían tener los trabajadores. Son clasistas en serio y hay que tener cuidado porque a veces son muy amables y si pueden, lo usan a uno.

Le sigo contando para que vea que no estoy “quebrado”. Vivo en Parque Chacabuco, un barrio de clase media, en una casa con pileta... de lavar la ropa. Una sola casa (herencia familiar) no dos, porque se sabe que alguna gente tiene dos: una para vivir y otra para albergar el ego. Tampoco tengo auto. Viajo en subte (vocación de minero, como decía Unamuno). Futbolísticamente soy de San Lorenzo que ya es demasiada carga para andar por la vida. Cobro la jubilación mínima y subsistimos con mi familia con algunos derechos de autor y un modesto alquiler de un local de esa vieja casa paterna...

Usted, “querido compañero”, dirá seguramente: -Aquí te pillé, ¡eres rentista! (Carlos Marx seguramente no me lo reprocharía y sabría comprenderme ya que, salvando las distancias, no tengo ningún Federico Engels a mano). No soy revisionista a secas, como usted dice, confundiéndome (por ignorancia o por picardía) con Ibarguren o Irazusta. No soy rosista, soy de la línea: Moreno, Artigas, Dorrego, los caudillos federales (en especial El Chacho y Felipe Varela), el PAN en su época antimitrista, Yrigoyen y Perón. Esta reivindicación, hecha desde una Izquierda Nacional, que apoya todo movimiento antiimperialista tratando siempre de mantener su independencia ideológica, política y organizativa, es decir, “Frente Obrero” en el 45, representada luego, por bastante tiempo por Abelardo Ramos, salvo sus últimos años. Asimismo, me siento latinoamericano de Martí, Sandino, Fidel, El Che, Evo, Chávez, Correa y tantos otros. Me considero, sobre todo un militante y por ello he sacrificado mi interés por la literatura y la cinematografía. En música, cero.

Salvando también la distancia, digo, como Jauretche, que no distingo la marcha peronista de la marcha de la libertad. Desde esa perspectiva de I. N., estoy más a gusto en la CGT de Moyano o en la CMP de D’Elía, que viajando por Europa o asistiendo a fiestas de embajada. No soy kirchnerista pero apoyo a este gobierno. Lo considero lo mejor que hubo desde que murió Perón, más allá de limitaciones y carencias, que son propias de una sociedad fuertemente golpeada por la dictadura genocida, la frustración de Alfonsín, la traición de Menem, la estupidez de De la Rúa, el derechismo de Duhalde, etc..

Me defino así porque creo conocer donde está el enemigo principal, la correlación de fuerzas y el nivel de conciencia política de los trabajadores y de los sectores medios (algunos de éstos, me aterran). Por eso, jamás se me ocurriría hacerle juicio penal a Cristina por mal desempeño, porque no corresponde y porque la pondría al borde del juicio político, para solaz de Cobos y la “nueva unidad democrática” y además porque entonces eso debiera habérselo hecho a todos los presidentes anteriores (incluso legisladores) y hacerlo ahora es demasiada complicidad con los destituyentes. Este gobierno avanza todo lo que puede y si llegase a caer, no deliremos que va a venir algo mejor, sino la derecha más reaccionaria.

Algo más: integro la corriente política Enrique Santos Discépolo, dirijo el mensuario “Señales Populares”, adscribo a Carta Abierta. En lo fundamental, tengo la certeza de que el futuro es nuestro, de los trabajadores, en el camino de la liberación nacional y la unidad latinoamericana, hacia el socialismo. Sólo ocurre que, “como lechuza largamente cascoteada”, sé distinguir los enemigos y los tiempos.

Creo que Trotsky era el que decía que hay gente que confunde 1905 con 1917 ó, ahora en el bicentenario, 1810 con 1816. Y para terminar, me acuerdo de Cooke. El le decía a Hernández Arregui: el intelectual se define sobre el trazo largo de la historia, pero el político tiene que definirse hoy y aquí, todos los días, teniendo presente aquellos objetivos finales, pero sin perder conciencia de en qué momento y en qué lugar está actuando.

Creo que algo de esto es lo que nos aleja. Disculpen la extensión pero, en verdad, preferiría que no se ocupasen de mí y profundizasen la discusión sobre la naturaleza histórica del kirchnerismo y cuál es la mejor forma de ayudar a Argentina y al resto de América Latina en estas luchas que van hacia el 2011. Con un saludo,

Norberto Galasso
Gracias a Maricé, de "Desde el Bosque"