martes, 24 de febrero de 2009

Aprender no es Comprender


No tendría más de 14 o 15 años la primera vez que comprendí algo medianamente complejo. Teníamos dos casas en el pueblo, una para vivir y otra donde mi viejo laburaba. Como la guita no era abundante, un día a mi viejo se le ocurrió que podíamos mudarnos a la casa en la que él tenía su negocio, dejando la nuestra para alquilar.

Como la casa donde ibamos a ir a vivir era muy alta, de unos 5-6 metros, de las que se construían a principio de siglo, mi viejo pensó que se podía hacer un entrepiso a media altura y me encargó que calculara los materiales que se iban a necesitar. Para arquitecto no había, y como yo era el "estudioso" de la familia, esa tarea quedó en mis manos.

Todo bien hasta el momento en que llegó la hora de calcular los materiales que se necesitaban para hacer la escalera que conectaría la planta baja con la planta alta.

De hecho, en el colegio yo había aprendido muchas cosas: el abecedario, sumar, restar, la distancia de la tierra al sol, la diferencia entre mitosis y meiosis, los logaritmos, la potenciación, las raíces cuadradas, las fanerógamas, el antiguo Egipto, los afluentes del Ganges, integrales y derivadas…

Bien. Nada. Todas piezas sueltas. Todo lo que había estudiado no me servía para nada. Ni para calcular una mísera escalera. Aprendía de todo, y no comprendía nada.

Pero por algún milagro, la cabeza se me iluminó durante una fracción de segundos: Pero... -pensé-, el teorema de Pitágoras no me sirve acaso para resolver el tamaño de la escalera? A ver, a ver... Si el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos... La pared es un cateto, el piso el otro cateto, y la hipotenusa es... ¡la escalera! Si, siiiii... la escalera es la hipotenusa, la hipotenusa es la escalera! Y como yo no necesitaba una escalera al cuadrado, debía obtener la raíz cuadrada de la hipotenusa!

Mi primer pasaje de lo abstracto a lo concreto fue apoteótico. Hasta ese momento, yo sólo contaba con piezas sueltas, herramientas, pero no tenía idea cómo tornarlas útiles para defenderme en la vida. Cada conocimiento, aislado, no servía para nada. Pero combinando de un modo determinado la suma con la potenciación con la raíz cuadrada y el Teorema de Pitágoras, obtenía un resultado concreto y útil.

En estos días, en el que tenemos acceso casi irrestricto a la información, no alcanza con aprender un montón de cosas. Si no comprendemos como juegan entre sí los distintos elementos que vamos aprendiendo, no nos servirá de nada. Ningún pensamiento útil puede salir de un bombardeo informativo si no le asignamos una relación con el resto.

viernes, 20 de febrero de 2009

The Stanford's Samsonite


Antes que en el Times, antes que en el WSJ! Después de lo de Maddoff, hacía rato que una voz me susurraba algo al oído, y finalmente abrimos la valija de Anto..., no, perdón, el sobre de Mars..., no, tampoco, la valija de Stanford! Éso era. Contenía ésto:

Total 446.675
Sen. Bill Nelson (D-Fla) 45.900
Rep. Pete Sessions (R-Texas) 41.375
Sen. John McCain (R-Ariz)* 28.150
Sen. Christopher J. Dodd (D-Conn) 27.500
Sen. John Cornyn (R-Texas) 19.700
Sen. Charles E. Schumer (D-NY) 17.000
Rep. Charlie A. Gonzalez (D-Texas) 15.500
Rep. Gregory W. Meeks (D-NY) 15.100
Rep. Pete Olson (R-Texas)* 14.500
Sen. Richard C. Shelby (R-Ala) 14.000
Rep. Charles B. Rangel (D-NY)* 11.800
Sen. Roger Wicker (R-Miss) 8.800
Sen. Harry Reid (D-Nev) 8.500
Sen. Kay Bailey Hutchison (R-Texas) 7.300
Sen. Jack Reed (D-RI) 7.000
Sen. Hillary Clinton (D-NY) 6.900
Sen. Orrin G. Hatch (R-Utah) 6.100
Sen. Patty Murray (D-Wash) 6.000
Del. Donna Christian-Green (D-VI) 5.000
Sen. Jay Rockefeller (D-WVa) 5.000
Rep. Donald M. Payne (D-NJ) 5.000
Rep. John Boehner (R-Ohio) 5.000
Rep. Dan Maffei (D-NY) 4.550
Rep. Michael Arcuri (D-NY) 4.000
Sen. Byron L. Dorgan (D-ND) 4.000
Rep. Richard E. Neal (D-Mass) 4.000
Sen. Tim Johnson (D-SD) 3.500
Sen. Dick Durbin (D-Ill) 3.500
Rep. Kendrick B. Meek (D-Fla) 3.500
Rep. Eric Cantor (R-Va) 3.000
Sen. Lamar Alexander (R-Tenn) 3.000
Rep. Melvin L. Watt (D-NC) 3.000
Rep. James E. Clyburn (D-SC) 3.000
Rep. Eric Massa (D-NY) 2.550
Rep. Michael E. McMahon (D-NY) 2.550
Rep. Vernon Buchanan (R-Fla) 2.500
Rep. John Lewis (D-Ga) 2.500
Sen. Mark Warner (D-Va) 2.500
Rep. Robert Wexler (D-Fla) 2.500
Rep. Bennie G. Thompson (D-Miss) 2.500
Sen. Mitch McConnell (R-Ky) 2.500
Rep. Stephen Ira Cohen (D-Tenn) 2.500
Rep. John Tanner (D-Tenn) 2.500
Sen. Susan Collins (R-Maine) 2.500
Rep. Paul E. Kanjorski (D-Pa) 2.500
Rep. Dave Camp (R-Mich) 2.500
Rep. Adam H. Putnam (R-Fla) 2.500
Sen. Mary L. Landrieu (D-La) 2.500
Rep. Walter Clifford Minnick (D-Idaho) 2.300
Rep. John A. Boccieri (D-Ohio) 2.300
Rep. Deborah Halvorson (D-Ill) 2.300
Rep. Randy Neugebauer (R-Texas) 2.000
Rep. Joe Barton (R-Texas) 2.000
Rep. Kevin Brady (R-Texas) 2.000
Rep. Patrick J. Tiberi (R-Ohio) 2.000
Rep. Spencer Bachus (R-Ala) 2.000
Rep. Lamar Smith (R-Texas) 2.000
Sen. Robert Menendez (D-NJ) 2.000
Rep. Ileana Ros-Lehtinen (R-Fla) 2.000
Rep. Pete King (R-NY) 1.500
Rep. Sam Johnson (R-Texas) 1.500
Rep. Charles W. Boustany Jr (R-La) 1.500
Rep. David Scott (D-Ga) 1.500
Sen. Sheldon Whitehouse (D-RI) 1.500
Sen. Tom Carper (D-Del) 1.000
Rep. Michael McCaul (R-Texas) 1.000
Rep. Bill Cassidy (R-La) 1.000
Rep. Shelley Moore Capito (R-WVa) 1.000
Rep. Dan Lungren (R-Calif) 1.000
Sen. Pat Roberts (R-Kan) 1.000
Sen. Maria Cantwell (D-Wash) 1.000
Rep. Lloyd Doggett (D-Texas) 1.000
Sen. Mike Crapo (R-Idaho) 1.000
Sen. Frank R. Lautenberg (D-NJ) 1.000
Sen. John Kerry (D-Mass) 1.000
Rep. Barney Frank (D-Mass) 1.000
Rep. Marsha Blackburn (R-Tenn) 1.000
Rep. Jack Kingston (R-Ga) 1.000
Sen. Max Baucus (D-Mont) 1.000
Sen. John Thune (R-SD) 500
Rep. Ruben Hinojosa (D-Texas) 500
Sen. James M. Inhofe (R-Okla) 500
Rep. Robert E Latta (R-Ohio) 500
Sen. David Vitter (R-La) 500
Rep. Jean Schmidt (R-Ohio) 500
Rep. Gregg Harper (R-Miss) 250
Sen. Tom Udall (D-NM) 250

* Se recaudaron fondos adicionales por comités organizados para recaudar fondos conjuntos que este político controló. Algunos de estos fondos fueron distribuidos entonces a otros políticos, y son incluidos, cuando corresponde, en los totales de otros beneficiarios señalados arriba.

Fuente: Open Secrets

jueves, 19 de febrero de 2009

Tres al Hilo...!

¿Lo qué…? No, padre, tres videos. Tres vi-de-os. No joda. Lo que pasa es que anduve un poco por Dailymotion y me encontré con algo más que videitos de 3 minutos como el que usté ya sabe. Y me encontré con videos sesentosos, setentosos y ochentosos completos, no colillas. Bueno, seguro que alguno de los tres le va a gustar. Que los disfrute con salú!

Estado de Sitio – Costa Gavras (Completa, 01:55:03)
A principios de los años setenta, un oficial de la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos es secuestrado en Uruguay por el MLN ( tupamaros ).

"Estado de Sitio" trata sobre el período del pachecato (el "colorado" Jorge Pacheco Areco), en particular el período en que los Tupamaros estaban en su auge.

El centro de la trama es el secuestro y ejecución del agente norteamericano Dan Mitrione por los Tupamaros. Mitrione fue ejecutado el 9 de agosto de 1970, hace 39 años.

39 años después, los Tupamaros integran el gobierno "progresista", defienden los intereses de la Asociación Rural, brindan con champán con los representantes del FMI y el Banco Mundial, es decir, acuerdan con el imperialismo y los latifundistas contra los que se alzaron en armas en la década del '60. Y el "Progresista" Pepe Mujica es actualmente tan progresista como el Galimba o la Piba Luro Pueyredón. Mejor no entre a su blog si lo quiere seguir pensando en términos sesentistas. Mejor no entre.

La proyección de "Estado de Sitio" es una oportunidad no sólo para conocer los hechos de 39 años atrás, a través de una excelente película, sino además para debatir un balance sobre una de las experiencias revolucionarias más importantes de América Latina.

Scorpions: Still Lovin' You
Para los que nunca escucharon a los Scorpions… Ya es hora! Que lo disfruten.

Inti Illimani
42 minutos de concierto en alta definición. Y que viva Chile carajo!

martes, 17 de febrero de 2009

La Madre de todas las Burbujas



Raúl Dellatorre, Página 12 y Rebelion

Barack Obama no prometió que el plan de rescate por casi 800 mil millones de dólares que le suplicó aprobar al Senado sea el último, pero seguramente lo desea. Sabe que transita por un terreno extremadamente peligroso. El nivel de endeudamiento en el que está entrando Estados Unidos, a través de la sucesiva emisión de bonos del Tesoro cada vez que lanza un plan de salvataje, está inundando la plaza mundial de papeles de la deuda en una dimensión inimaginable, aun para el país con la economía más poderosa del mundo. Si se imaginara sólo por un momento que los inversores sospecharan de la incobrabilidad de una deuda que ya supera los 11 billones (millones de millones) de dólares, la conclusión seguramente será que estaríamos ante una catástrofe varias veces superior a la crisis actual. O, dicho de otro modo, ante la probable y quizás verdadera dimensión de la crisis actual. ¿Es mucho? Veamos.

Algunas cuestiones técnicas. Los bonos del Tesoro de Estados Unidos son considerados, por convención, los títulos de deuda más confiables universalmente. A partir de allí, la diferencia entre el rendimiento que los inversores le reclaman a los bonos de deuda de cualquier país y lo que rinden los bonos de Estados Unidos, define el “riesgo país”. El bono de Estados Unidos es considerado el “kilómetro cero”. No importa en la situación en que se encuentre su economía, a partir de él se miden las distancias. Es así y así se acepta. Estados Unidos es al único país del mundo al que no se le mide el “riesgo país”.

Pero los planes de rescate no son la única fuente de necesidad para la emisión de bonos del Tesoro. Estados Unidos también debe sostener con endeudamiento el creciente déficit en sus cuentas públicas, y además bancar el déficit comercial, también multimillonario, que no se llega a cancelar con pago en efectivo, con emisión de dólares.

Otra cuestión técnica. Cualquier otro país, para tener déficit permanente en cuenta corriente, debería endeudarse hasta el punto que alguien le imponga un brutal ajuste. De nada le valdría emitir, porque nadie aceptaría su moneda. A Estados Unidos, en cambio, nadie le impone nada y todos aceptan su moneda. “Es una ventaja tecnológica, es el único país del mundo que tiene la maquinita de hacer dólares”, dijo alguna vez Ben Bernanke, cuando aún no era titular de la Reserva Federal de Estados Unidos. Sonó gracioso. Hablaba en serio.

Estados Unidos le saca productos al resto del mundo y a cambio le da dólares y bonos de su deuda. Cualquier país que emite moneda en exceso genera inflación. Estados Unidos también, pero no inflación interna, sino en el resto del mundo, donde van a parar los dólares. Se endeuda, llena de bonos a sus socios y les traslada inflación. Ningún otro país provocaría ese resultado con su déficit comercial, trasladándole el costo al resto.

Todo lo dicho viene pasando desde hace casi una década, prácticamente coincidiendo con los años de George Bush en el gobierno. La pregunta es cómo sigue o, como diría un presunto analista, “si el modelo es sustentable”. Por ahora, la política sigue siendo lanzar monumentales planes de rescate en base a endeudamiento en bonos. Los de Bush eran para salvar a los bancos. Obama sigue con los salvatajes al sistema financiero, pero lanza otros para el sector productor de bienes, apostando a resurgir de la crisis. Lo inmediato es que aumenta la emisión de bonos y la deuda, mientras que el objetivo de recuperación está por verse si se cumple.



Por ahora, los bonos de la deuda de Estados Unidos, a mediano o largo plazo (a diez o a treinta años) siguen circulando, se siguen comprando. Los bancos se han ido desprendiendo de sus tenencias de bonos del Tesoro, no tanto por desconfianza sino más por necesidad de liquidez. Los particulares, en gran parte inversores en el mercado accionario que han huido de la plaza bursátil o inmobiliaria después de haber sufrido grandes pérdidas, prefieren los bonos porque no quieren correr riesgos. Piensan que los bonos son un buen refugio, aunque paguen una tasa bajísima del 2 por ciento, una de las menores de la historia por política impuesta por la Reserva Federal.

Pero la mayor parte del stock de títulos de la deuda de Estados Unidos está en las arcas de bancos centrales. Más de la mitad de la deuda, 5,8 billones de dólares, está en poder de dichas instituciones y particulares fuera de Estados Unidos, con China y Japón a la cabeza (más de 650 mil millones el primero, casi 600 mil el segundo). Si tan sólo amagaran desprenderse de una parte, el valor de los bonos estadounidenses se derrumbaría. Pero, por ahora, nadie lo hace. Están asociados a la suerte del valor de esos bonos: una caída en su precio también significaría un fuerte quebranto en los mismos bancos centrales que lo poseen.

Esa dependencia mutua sólo indica que, muy probablemente, no serán los bancos centrales asiáticos los que iniciarían una corrida o despegue. Pero nadie podría asegurar que guardarán igual conducta si la corrida la inicia otro. Puede que no quieran ser los primeros en salir, pero tampoco querrían ser los últimos.

¿Qué posibilidad hay de que “otros”, innominados, inicien una corrida contra los bonos estadounidenses? Hoy, como fue dicho, sus rendimientos son bajísimos, pero se consideran “seguros” mientras se piense que no va a caer su valor de mercado. Pero bastaría que los inversores individuales recuperen su propensión al riesgo para que busquen rendimientos más atractivos en papeles privados. Esto sucedería, por ejemplo, si se observa una recuperación sostenida de la actividad económica y las acciones de empresas vuelven a ser tentadoras. Si ocurriera que la actitud de los inversores individuales arrastrase a los inversores institucionales, resultaría que el mejor escenario para la economía podría ser el peor para los bonos estadounidenses.

¿Qué pasaría con los bonos si la crisis se prolonga, si la situación de debilidad de la economía estadounidense no se disipa y más sectores económicos entran en crisis? La alternativa de más intervención oficial, más planes de salvataje, supone más necesidades de financiamiento y, por tanto, mas emisión de bonos. ¿Hasta cuando es posible, antes de convertirse en una burbuja a punto de estallar? No son pocos los que sostienen que ese límite ya está demasiado cerca, si no es que ya se atravesó. Es decir, el peor escenario para la economía también podría ser el peor para los bonos.

En un reciente artículo, Rubén Ramallo, catedrático de la Universidad de Palermo, repasa y cita varios comentarios de origen estadounidense señalando la creciente preocupación sobre el futuro de los bonos del Tesoro. Muchos prevén un final catastrófico, la más contundente fue la revista especializada en inversiones Barron’s, que alertó “Salgan ya” (“Get out now!”) a sus lectores con bonos. Otros advierten que la tendencia de los bancos centrales es a la venta y no a la compra de títulos del Tesoro estadounidense.

Los bonos, no hay duda, se han convertido en otra burbuja, pero la Gran Burbuja. La que abarca a todas las demás: la de las acciones tecnológicas, la inmobiliaria, la crediticia, etc. El drama es que, esta vez, tendría un alcance desmesurado, por el grado de exposición de las principales economías del mundo y por lo que representan éstas en la economía global. Todo el modelo de acumulación estaría en juego. ¿Alguien se imagina el final del neoliberalismo como un monstruo que se devora a sí mismo? Un final de película de ficción, o no tanta. En definitiva, Hollywood también es Estados Unidos. Y viceversa.

NB: A lo dicho por Dellatorre, agrego este otro link, y una pequeña nota que había escrito yo mismo allá por julio del año pasado (en inglés).

jueves, 5 de febrero de 2009

lunes, 2 de febrero de 2009

APEMIA: Con los Ojos en Gaza


Cuando este 27 de enero se conmemore a las víctimas del Holocausto y se recuerde la resistencia del gueto de Varsovia contra el opresor nazi, en medio del aislamiento internacional al que fuera sometido por los Estados “amigos”, los ojos de la humanidad seguirán puestos en la Franja de Gaza, aún sitiada, aislada y sometida por uno de los ejércitos más poderosos del mundo.

Este día de homenaje y recordación fue instituido por las Naciones Unidas, las mismas que facilitaron 22 días de bombardeos a la población palestina, y que aún no saben si sentarán al gobierno de Israel y a sus jefes militares en el banquillo de los acusados por crímenes de guerra y por violar la legislación internacional de ayuda humanitaria.

Los ojos de la humanidad miran y acompañan a las víctimas masacradas en Gaza y repudian las políticas terroristas del Estado de Israel en esa región.

La analogía con la conmemoración no es caprichosa: es el mismo Estado de Israel el que impulsó la recordación de las víctimas del nazismo y hoy propagandiza un incremento del antisemitismo global como producto de su invasión y del genocidio en Gaza. Toda una confesión, de parte de quien se supone iba a defender a los judíos del mundo para que no sufriéramos más este tipo de agresiones.

En nuestro país, donde se han movilizado decenas de miles contra esta criminalidad, no se ha registrado una sola víctima del supuesto “tsunami antisemita”. De esta manera, DAIA y la Embajada de Israel vulgarizan el concepto de antisemitismo al confundir deliberadamente el repudio popular a los ataques del Estado de Israel con los ataques a individuos o a instituciones por su condición religiosa o étnica.

Cuando los hubo durante la dictadura militar y en la voladura de la AMIA, los ataques antisemitas fueron cometidos y/o encubiertos por el Estado argentino y sus fuerzas de seguridad. Israel fue entonces su cómplice en el encubrimiento y sostén internacional. Ahora, es el Estado argentino el que refuerza sus vínculos económicos (Tratado del Mercosur, Ley 26.437) y su complicidad política con el Estado de Israel en la masacre de Gaza.

El gobierno israelí manipula una acusación internacional de antisemitismo y pretende que los Estados enfrenten y prohíban la manifestación del repudio popular contra esta política de exterminio.

Un aspecto de esta manipulación consiste en descalificar y hasta ocultar que somos muchas las víctimas del terrorismo de Estado en AMIA que nos solidarizamos con las víctimas del terrorismo de Estado en Gaza. Resulta que ahora yo, que soy una damnificada de la masacre de la AMIA y de origen judío, que sé que el Estado argentino es responsable de este atentado en, al menos, su “encubrimiento agravado”, y que defiendo a las víctimas de la criminalidad de los Estados en Israel y en la Argentina, me estaría aprovechando de esta situación internacional para provocar el antisemitismo hasta ahora encubierto y reprimido. ¡Un verdadero disparate! El nivel de manipulación para confundir a la opinión pública no conoce límites.

Los ojos de la humanidad están ahora más abiertos que nunca. La política genocida en Gaza nos afecta a todos, nos avergüenza y sus consecuencias serán padecidas por generaciones. Su crítica y su cuestionamiento se hacen indispensables para defender los valores éticos y morales de la vida y del derecho a la existencia de los pueblos del mundo.

En el homenaje de este 27 de enero a las víctimas del Holocausto y en la recordación de la heroica resistencia del gueto de Varsovia, sumamos nuestra solidaridad para con el pueblo de Gaza que se resiste a vivir en un gueto, confinado entre muros y condenado a subsistir en condiciones infrahumanas.

Laura Ginsberg
Integrante de la Agrupación por el Esclarecimiento
de la Masacre Impune de la AMIA (APEMIA)
Buenos Aires, 24 de enero de 2009

Aprender

A los 9 años aprendí que mi profesora sólo me preguntaba cuando yo no sabía la respuesta.

A los 10, aprendí que era posible estar enamorado de cuatro chicas al mismo tiempo.

A los 12, aprendí que, si tenía problemas en la escuela, los tenia mas grandes en casa.

A los 13, aprendí que cuando mi cuarto quedaba del modo que yo quería, mi madre me mandaba a ordenarlo.

A los 15, aprendí que no debía descargar mis frustraciones en mi hermano menor.

A los 20, aprendí que los grandes problemas siempre empiezan pequeños.

A los 25, aprendí que nunca debía elogiar la comida de mi madre cuando estaba comiendo algo preparado por mi mujer.

A los 27 aprendí que el título obtenido no era la meta soñada.

A los 28, aprendí que se puede hacer, en un instante, algo que te puede doler la vida entera.

A los 30, aprendí que cuando mi mujer y yo teníamos una noche sin chicos, pasábamos la mayor parte del tiempo hablando de ellos.

A los 33, aprendí que a las mujeres les gusta recibir flores, especialmente sin ningún motivo.

A los 34, aprendí que no se cometen muchos errores con la boca cerrada.

A los 38, aprendí que, siempre que estoy viajando, quisiera estar en casa, y siempre que estoy en casa me gustaría estar viajando.

A los 39, aprendí que puedes saber que tu esposa te ama cuando quedan dos galletas y elige la menor.

A los 42, aprendí que si estoy llevando una vida sin fracasos, no estoy corriendo los suficientes riesgos.

A los 44, aprendí que puedes hacer a alguien disfrutar el día con solo enviarle una pequeña postal.

A los 47, aprendí que niños y abuelos son aliados naturales.

A los 55, aprendí que es absolutamente imposible tomar vacaciones sin engordar cinco kilos.

A los 63, aprendí que es razonable disfrutar del éxito, pero que no se debe confiar demasiado en él. Y que no puedo cambiar lo que pasó, pero puedo dejarlo atrás.

A los 64, aprendí que la mayoría de las cosas por las cuales me he preocupado nunca suceden.

A los 67, aprendí que si esperas a jubilarte para disfrutar de la vida, esperaste demasiado tiempo.

A los 71, aprendí que nunca se debe ir a la cama sin resolver una pelea.

A los 72, aprendí que, si las cosas van mal, yo no tengo por qué ir con ellas.

A los 76, aprendí que envejecer es importante.

A los 91, aprendí que amé menos de lo que hubiera debido.

A los 92, aprendí que aún tengo mucho que aprender.