jueves, 24 de junio de 2010

Kafka y la Muñeca Viajera


Cuenta Paul Auster en su libro The Brooklin Follies una pequeña historia que ilustra la sustitución de la realidad por un relato de la misma.

Dice Auster que poco antes de morir, a principio de los años '20, Franz Kafka se encontraba en un parque de Berlín junto a su novia, Dora Diamant, cuando se cruzaron con una niña que lloraba desconsoladamente.

Kafka le pregunta a la niña porqué lloraba. “He perdido a mi muñeca”, le contesta la niña. Kafka inventa entonces una historia para consolarla, y le dice que la muñeca se ha ido de viaje. “¿Cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Lo sé porque me ha escrito una carta”, dice Kafka.

Desconfiada, la niña le pregunta si tiene la carta de su muñeca consigo. “No. Lamentablemente la he dejado en casa, pero si quieres mañana te la traigo”.

Llegado a su casa, Kafka se pone a escribir con empeño la dichosa carta de la muñeca que al día siguiente le mostraría a la niña. Quiere sustituir la realidad por un relato tan persuasivo y verosímil como la misma. Cuenta en la carta entonces que estaba ansiosa por conocer el mundo, y que los lugares que estaba conociendo eran maravillosos. Le dice a la niña que la extraña mucho, y que en prueba de ello le escribiría una carta todos los días.

Durante tres semanas, día por día, Kafka se empeña en describirle a la niña la historia de la muñeca que ha surgido de su mente. A medida que transcurren las cartas, y sin dejar de recordarle cuánto la quiere y extraña, el retorno de la muñeca se va convirtiendo cada vez más en un imposible. Está en un país cada vez más lejano, y con el agregado de que ha conocido a un novio, con el que está por casarse.

En la carta final de la muñeca a la niña, le dice que durante un tiempo largo no podrá seguirle escribiendo, porque los preparativos para su casamiento le demandan mucho tiempo y se le tornará imposible. Pero que no se olvide cuánto la quiere y cuanto la extraña, y que la disculpe por no poder seguirle escribiendo.

Durante el tiempo en que transcurren las cartas de Kafka a la niña, logra sustituirle la angustia inicial de la muñeca perdida por esa tristeza linda que es la nostalgia, y hasta finalmente terminar aceptando complacida por la alegría de las aventuras en tierras lejanas que estaría viviendo su muñeca. Ante la pérdida que la realidad le ocasiona, le ha dado una bonita historia a cambio.

Dejo abierto entonces el debate entre lo que sucede, lo que nos cuentan que sucede, entre los hechos y los que se apropian de su relato. Y más importante aún, si somos capaces de armar un relato propio.

miércoles, 23 de junio de 2010

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Kafka y la Muñeca Viajera

Cuenta Paul Auster en su libro The Brooklin Follies una pequeña historia que ilustra la sustitución de la realidad por un relato.

Dice Auster que poco antes de morir, Franz Kafka se encontraba en un parque de Berlín junto a su novia, Dora Diamant, cuando se cruzaron con una niña que lloraba desconsoladamente.

Kafka le pregunta a la niña porqué lloraba. “He perdido a mi muñeca”, le contesta la niña. Kafka inventa entonces una historia para consolarla, y le dice que la muñeca se ha ido de viaje. “¿Cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Lo sé porque me ha escrito una carta”, dice Kafka.

Desconfiada, la niña le pregunta si tiene la carta de su muñeca consigo. “No. Lamentablemente la he dejado en casa, pero si quieres mañana te la traigo”.

Llegado a su casa, Kafka se pone a escribir con empeño la dichosa carta de la muñeca que al día siguiente le mostraría a la niña. Quiere sustituir la realidad por un relato tan persuasivo y verosímil como la misma. Cuenta en la carta entonces que estaba ansiosa por conocer el mundo, y que los lugares que estaba conociendo eran maravillosos. Le dice a la niña que la extraña mucho, y que en prueba de ello le escribiría una carta todos los días.

Durante tres semanas, día por día, Kafka se empeña en describirle a la niña la historia de la muñeca que ha surgido de su mente. A medida que transcurren las cartas, y sin dejar de recordarle cuánto la quiere y extraña, el retorno de la muñeca se va convirtiendo cada vez más en un imposible. Está en un país cada vez más lejano, y con el agregado de que ha conocido a un novio, con el que está por casarse.

En la carta final de la muñeca a la niña, le dice que durante un tiempo largo no podrá seguirle escribiendo, porque los preparativos para su casamiento le demandan mucho tiempo y se le tornará imposible. Pero que no se olvide cuánto la quiere y cuanto la extraña, y que la disculpe por no poder seguirle escribiendo.

Durante el tiempo en que transcurren las cartas de Kafka a la niña, logra sustituirle la angustia inicial de la muñeca perdida por esa tristeza linda que es la nostalgia, y hasta finalmente terminar aceptando complacida por la alegría de las aventuras en tierras lejanas que estaría viviendo su muñeca. Ante la pérdida que la realidad le ocasiona, le ha dado una bonita historia a cambio.

Dejo abierto entonces el debate entre lo que sucede, lo que nos cuentan que sucede, entre los hechos y los que se apropian de su relato. Y más importante aún, si somos capaces de armar nuestro propio relato.

martes, 15 de junio de 2010

La Ley es Ley, Carajo, Mierda...!

Para la Puta de Arrabal, que lo mira por TN
El fallo completo de la Corte Suprema, aquí.
Gracias a Maby por el link

lunes, 14 de junio de 2010

Disonacia Cognitiva

A principios de los ‘50, un culto de creyentes en los platos voladores comenzó a recibir mensajes del Planeta Clarion a través de misteriosas “escrituras automáticas” que se materializaban a través de una persona, Marian Keech.

Estas escrituras eran inquietantes. Según las mismas, el mundo terminaría en una gran inundación antes del alba del 21 de diciembre de 1954, y sólo los creyentes sobrevivirían al ser rescatados por un plato volador que los llevaría sanos y salvos al Planeta Clarion.

Un grupo de psicólogos sociales, encabezados por León Festinger, decidió entonces infiltrar al grupo, a efectos de estudiar su comportamiento y las reacciones de sus integrantes al momento en que tales profecías debieran cumplirse.

Hay un relato detallado minuto a minuto de la cronología que siguieron los acontecimientos en el libro “Cuando la Profecía Falla”, pero básicamente durante la tarde y noche del 20 de diciembre, los integrantes de este culto comenzaron la espera del plato volador que los pondría a salvo de la inundación que se avecinaba sobre el mundo.

Los minutos corren. Nada. El reloj da las 00:00. Nada. Ni plato volador ni inundación. Nada. El grupo está sentado en silencio. Pasan los minutos. Algunos comienzan a ensayar explicaciones. El alba del día 21 está a pocas horas. Nada. Keech comienza a gritar. Nada. A las 4:45, llega un mensaje del Planeta Clarion a través de la medium Keech: El cataclismo ha sido suspendido. La fé del grupo aguardando toda la noche en vela ha desparramado tanta luz que Dios ha salvado al mundo de la destrucción. ¡Aleluia!

(…)

He aquí un caso que, con todas las diferencias valorativas que puedan hacerse, guarda ciertas analogías con los sucesos de Gualeguaychú, la pastera, el corte del puente, etc.

En efecto, hay un grupo social que depositó todas sus espectativas en una determinada instancia (La Corte de La Haya), y que, llegado el momento de suerte y verdad (el fallo), en vez de asumir que lo que esperaban ni sucedió ni va a suceder, renuevan su fé cambiando sus creencias y expectativas originales por otras que les permita continuar en su carril sin modificar su actitud.

Este fenómeno social ni es nuevo ni es original. La psicología social lo encuadra dentro de un término genérico al que llama “Disonancia Cognitiva”, en la que los individuos intentan conciliar dos percepciones disonantes mediante la creación imaginaria de una tercera, que actúa como vía de escape a fin de permitir amoldar los resultados esperables a sus expectativas.

Cabe preguntarse cuál será la tercera vía que han imaginado para obtener un resultado diferente los "Ambientalistas" de Gualeguaychú. Por de pronto, su enemigo ya no es la pastera, sino el Gobierno Nacional que les internacionalizó su problema vecinal. Grave error.

Cría cuervos…

domingo, 13 de junio de 2010

Joyitas de Internet

Nunca deja de sorprenderme lo que uno puede descubrir en internet. Desde hace muchos años estudio las culturas de las ex-repúblicas soviéticas, pero nunca escuché nombrar a Alla Pugacheva.

Es insólito, porque es una de las más afamadas cantantes soviéticas, con 75 millones de albumes vendidos, una especie de Edith Piaf moscovita.

Las tres canciones que seleccioné entre más de treinta son de una belleza fuera de serie. La primera de ellas ("Me gusta") ya la conocía desde hace varios años, pero nunca logré averiguar de quién era la voz que transmitía esa tristeza linda que es la nostalgia.

Son tres baladas, la última de las cuales tiene ritmo de polka, en el más tradicional folklore ruso.

Para disfrutar. No se van a arrepentir de haber descubierto finalmente a Alla.


Alla Pugacheva, (Me gusta / Мне нравится) Lírica



Alla Pugacheva, (En mi calle / По улице моей) Lírica


Alla Pugacheva, (En Tikhoretskuyu / На Тихорецкую) Lírica

PD: Si bien mi blog de "cosas raras" sobre temas soviéticos es éste, no quería dejar de publicarlo para el público hispanoparlante. En general en occidente se ignora absolutamente todo lo que sucede en el espacio post-soviético. Y allí se pueden encontrar joyas como la que les acabo de presentar.

sábado, 12 de junio de 2010

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Nunca deja de sorprenderme lo que uno puede descubrir en internet. Desde hace casi diez años que estudio las culturas de las ex-repúblicas soviéticas, y nunca escuché nombrar a Alla Pugacheva.

Es insólito, porque es una de las más afamadas cantantes soviéticas, con 250 millones de albumes vendidos, una especie de Edith Piaf moscovita.

Las tres canciones que seleccioné entre más de treinta son de una belleza fuera de serie. La primera de ellas ("Me gusta") ya la conocía desde hace varios años, pero nunca logré averiguar de quién era esa voz que transmitía esa tristeza linda que es la nostalgia.

La segunda y tercera las conocí más tarde, y me encantaron. La última es una polka que se corresponde con el más tradicional folklore ruso.

Para disfrutar. No se van a arrepentir de haber descubierto finalmente a Alla Pugacheva.


Alla Pugacheva, (Me gusta / Мне нравится) Lírica



Alla Pugacheva, (En la calle por mí / По улице моей) Lírica


Alla Pugacheva, (En Tikhoretskuyu / На Тихорецкую) Lírica

PD: Si bien mi blog de "cosas raras" sobre temas soviéticos es éste, no quería dejar de publicarlo para el público hispanoparlante. En general en occidente se ignora absolutamente todo lo que sucede en el espacio post-soviético. Y allí se pueden encontrar joyas como la que les acabo de presentar.

martes, 8 de junio de 2010

El Lago de los Gansos en el Colón

(Click en la imagen para agrandar)

Para Bajar la “Crispación”


Koop Island Blue, Featuring Ane Brun




Me gusta (Mne Nravitsa / мне Нравится), Olga & Nick Simmons

(Perdón, de Las Palmeras no conseguí)

sábado, 5 de junio de 2010

"Los Hijos de Héctor son Nuestros Hijos"



El ex director del diario “La Razón” denunció por radio, que los hijos de Magnetto adoptados se los entregó Elisa Carrió.

El ex director del diario La Razón, dijo hace minutos en AM 530 “La Voz de las Madres” (en el programa Vaca Cubana) que Héctor Magnetto, le consiguió los hijos a Ernestina Herrera de Noble a través de una gestión ante el entonces presidente de facto Jorge Rafael Videla.

En la entrevista Pirillo afirmó que la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, le consiguió los hijos al propio Magnetto. El CEO de Clarín le pidió “por favor que dejara de publicar notas sobre el tráfico de bebés que se producía en el norte del país, porque eso los afectaba a él y a su señora esposa, por cuanto los hijos que él tenía, también adoptivos, los había conseguido a través de la intervención de su amiga personal Elisa Carrió”.

La nota acá. El audio acá. Gracias a Maricé por el link.

Los Santos Inocentes (Versión Completa)


Cine militante del bueno. El original en español de la película que muestra a la España franquista en su más repugnante esencia. Se recomienda sacar floreros, ceniceros y todo objeto contundente de las cercanías del espectador. Y con un final para saltar del sillón. Cuesta entre poco y nada interpolar este fresco social español al feudalismo agrario nacional. De nada.