miércoles, 26 de octubre de 2011

Nacimiento


Por Pablo Ferreyra

Fue un miércoles. Una semana después para ser más exacto. Y lo comparto porque sé que miles, ahora millones, me van a entender: empezaba el día del censo nacional y yo estaba desde temprano levantado pensando en ese número que era mi hermano, ese número que no era más.

Había vuelto a dormir un poco mejor. Sin las imágenes de la ambulancia y del disparo. Sin el apellido "Ferreyra" en todos los canales, pero ya con la promesa de conocer a la Presidenta y de que esté Él en esa reunión.

Siempre me gustó Cristina, con Néstor me resistí más. Pero me ganó de a poco y fui entendiendo que ese ojo desviado estaba puesto en el futuro. Todavía sigo fantaseando con conocerlo, con votarlo.

Lo veía más cercano a mí, más cercano a todos. Un tipo común, cálido, metido en el rosqueo, armador, leal y jodón. Que ve clarito los límites de la política real, ese borde donde se hace historia o se juega sucio. Ese tablero de ajedrez en donde todos jugamos, pero en donde Él hacía el primer movimiento. Y nosotros acompañábamos.

Concretamente: a mí Néstor me devolvió la militancia, me trajo a la política de nuevo.

Yo estaba fundido, mi experiencia en la izquierda término mal. No me arrepiento de mi educación, aprendí de todo ahí; a poner el ojo en la economía internacional, en las relaciones con EE.UU, en la lucha de clases que no abandono y me ayudan a visibilizar a los actores en este gran campo de batalla; pero terminé mal.

Y de a poco, de creer que este gobierno maquillaba su rostro con medidas populistas empecé a ver esos cambios profundos, y me expresé, y encontré un "otro" como yo que vino de la izquierda para defender en voz alta a Néstor y Cristina con la crisis del "campo" y la 125. Y después otro más. Y lo otro es historia de todos los que militan.

Esto que viene ahora es muy personal y entiendo que no sea fácil de compartir, pero no exagero si sentí a Kirchner padre de mis nuevas convicciones.

Y una semana después de perder a mi par; a mi hermano, al que me corría por izquierda, ese nuevo referente del trotskismo y los movimientos sociales; muere Néstor.

Temprano, esperando al censista, me entero por TV. Dice que está internado y con mi mujer ya sabemos que está muerto. La placa negra de Crónica lo dijo más claro después, me sentí desolado.

En una semana perdí toda referencia con la militancia política de nuevo. Quedé huérfano de padre y sin mi hermano. Perdí la posibilidad de juntarme a hablar con Él y que me ayude en la búsqueda de justicia por Mariano.

Me sentí solo. Sin dolor (porque ya se lo había llevado la muerte de Mariano) pero confundido y triste.

Llamé a Patucho, estaba conmocionado. Yo no encontraba el norte. Fueron horas de estar perdido. Pero hice memoria. Recordé el conflicto rural, cuando parecíamos un puñado de locos contra todos.

Recordé cómo nos amuchábamos, que éramos más de lo que decían y soñé con la Plaza llena para recordarlo.

Esa noche, entre la tristeza y la desorientación, fuimos llegando miles a la plaza en una movilización que duró varios días.

Experimentamos la compañía, la fragilidad y la fuerza de Cristina, el amor del pueblo, el nacimiento del kirchnerismo.

Le dimos un sentido a la muerte de Néstor, la juventud copó la Plaza y se ganó el lugar que perdió en el ´74, tomamos la posta.

Y ahora, con este triunfo electoral, me atrevo a pensar que los próximos 4 años serán de los jóvenes, donde nos formaremos para gobernar el país bajo la mirada puesta en el futuro de Kirchner.

Néstor nos dio voz, Cristina nos trajo al frente. No vamos a tener otra oportunidad.